domingo 11 de abril de 2010

Francesc de Carreras: 'En el PP, ¿alguien manda ahí?'

¿Alguien manda ahí? La sensación es que no. Que el PP es un conjunto de reinos de taifas sin una dirección que lo unifique. Un partido así no puede suscitar confianza.


No acabo de entender la estrategia política del PP si lo que pretende es ganar las próximas elecciones. Realmente, no la entiendo. Parece que se conforma con ir en las encuestas tres o cuatro puntos por delante del PSOE y esperar que el gobierno de Zapatero vaya perdiendo apoyos a medida que la crisis económica se agudiza. Además, confía, supongo, en un electorado fiel que siempre le votará, haga lo que haga y diga lo que diga. Sus estrategas electorales quizás saben lo que se hacen, aunque pienso que van por un camino errado.

Y bien fácil lo tenían. Aún cuando todavía pueden rectificar, el tiempo pasa y Rajoy cada vez se parece más a un don Tancredo mudo atado de pies y manos. “Mejor no hacer nada que equivocarse”: quizás es su lema, esperar y ver, wait and see. Y es posible que tenga razón: se me escapan, por desconocimiento, las cuitas internas que debe haber en el partido. Pero, como simple observador, tengo la impresión de que si el gobierno de Zapatero ha decepcionado, el llamado primer partido de la oposición todavía ilusiona menos.

Lo tenía fácil el PP porque la trayectoria del gobierno Zapatero iba de mal en peor. Ya en la primera legislatura cometió dos errores de bulto: confiar sin ningún fundamento en un acuerdo con ETA y reformar el sistema autonómico español a partir de las ideas de los nacionalistas catalanes, una instancia de parte que no pretendía arreglar los problemas del conjunto sino sólo sus propios problemas. Si en el pacto con ETA se mostró ingenuo, en el estatuto catalán se comportó con frivolidad, más aún al pasar una desmesurada patata caliente al Tribunal Constitucional, una instancia jurisdiccional que un presidente con sentido de Estado debería siempre dejar al margen de la contienda política. Sin embargo, en 2008 volvió a ganar: señal de que el PP todavía suscitaba menos confianza.

En la legislatura actual, el Gobierno Zapatero todavía se lo ha puesto más fácil al PP, pero éste no lo está aprovechando, más bien al contrario. La gran suerte de Zapatero es, precisamente, la oposición que le ha tocado, en lo mal que esta ejerce su papel. Quizás los ciudadanos no dieron importancia al error que supuso intentar pactar con ETA, quizás tampoco comprendieron los riesgos del desorden autonómico. Pero seguro que han dado importancia y comprenden los errores del Gobierno ante la crisis económica, una cuestión que les cae más cerca.

Primero el Gobierno negó la crisis: afectaba sólo a Estados Unidos, no a nosotros. Después se acusó de la misma a una conspiración de los especuladores internacionales y a unos medios de comunicación interesadamente derrotistas. En la siguiente fase, con la realidad desnuda a la vista, se optó por una política de paños calientes: se adoptaron multitud de pequeñas medidas sectoriales que, juntas, han supuesto un gasto público desmedido y, probablemente, inútil, que se tardará años en pagar, diciendo siempre, en tono populista, que no se rebajaría el gasto social. Ahora estamos ya en una nueva etapa que contradice todas las anteriores: la crisis es estructural, afecta muy especialmente a España y las próximas medidas rebajarán este gasto social hasta ahora intocable.

En fin, imposible una peor gestión de la crisis por parte del presidente Zapatero y de su gabinete. Pues bien, en todo este período de dos años, el PP ha criticado sin excepción todas las medidas del Gobierno pero no ha propuesto ninguna política alternativa global, ni siquiera ha efectuado un diagnóstico serio de la situación. Es decir, ha hecho lo mismo que el Gobierno pero desde el banco de la oposición. Si el PSOE lo ha hecho mal, el PP lo ha hecho igual de mal y, dada su más cómoda posición, ello quiere decir que lo ha hecho peor.

La guinda la estamos viendo en las dos últimas semanas: en la Semana Santa el asunto Jaume Matas, en la de Pascua el caso Gürtel. Ambos no sólo previsibles sino asegurados desde hace muchos meses. Si Zapatero negaba la crisis, el PP ha estado negando la corrupción.

En efecto, la dirección del PP debía conocer la envergadura de ambos casos y si no lo sabía, peor, es que no conoce ni a los suyos. No crean los dirigentes del PP que la opinión pública distinguirá entre si se trata de una financiación directa del partido o simplemente de un negocio sucio de algunos aprovechados. La opinión pública sabe que el choriceo alcanza a altos cargos del partido, a diputados y senadores, a parlamentarios autonómicos y a europarlamentarios, a concejales, alcaldes y presidentes de Diputación, así como a personas de confianza, personajes tales como Correa y El Bigotes. Con esto basta para hacerse una buena composición de lugar que sirva para condicionar el voto de cada elector. Después los jueces, quién sabe cuando, determinarán las responsabilidades penales. Pero el efecto político ya se ha conseguido al no haberse evacuado las responsabilidades políticas antes, en el seno del mismo partido. Todavía Luis Bárcenas sigue siendo senador, con despacho en la calle Génova. Es sólo un ejemplo, también hay otros.

¿Alguien manda ahí? La sensación es que no. Que el PP es un conjunto de reinos de taifas sin una dirección que lo unifique. Un partido así no puede suscitar confianza. No se sabe quién tiene más suerte: si Zapatero por tener como oposición al PP o éste por tener un gobierno tan endeble como el de Zapatero. El dilema es tremendo y la desafección de los ciudadanos comprensible.

Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona

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Jaume Mestre: 'Relato íntimo y esperpéntico de la corrupción'

Cada vez que veo las correrías de personajes como El Bigotes, Correa o Camps no tengo la impresión de encontrarme ante sórdidos y avezados estafadores sino caricaturas ideadas y dibujadas por Hergé.


Decir que en ocasiones la realidad supera la ficción es un topicazo, pero qué le vamos a hacer si es cierto. De hecho, hace que la realidad sea apasionante. Quién hubiese dicho hace diez años que un personaje como Barack Hussein Obama iba a llegar a ser presidente, ni más ni menos, de EE.UU. O bien, uno observa un personaje como Osama Bin Laden y da la sensación que nos encontramos ante un archienemigo de occidente sacado de las historietas de Tintín.

Ciertamente, Hergé era especialista en crear personajes estrafalarios pero a pesar de ser caricaturescos de vez en cuando la realidad parece inspirarse en ellos. Esto es lo que pienso cada vez que veo algo de la apasionante trama Gürtel. Cada vez que veo las correrías de personajes como El Bigotes -¡El Bigotes!-, Correa o Camps no tengo la impresión de encontrarme ante sórdidos y avezados estafadores sino caricaturas ideadas y dibujadas por Hergé para una historieta de Tintín sobre unos políticos corruptos de tebeo.

El juez ha tenido la gentileza de abrir al fin esta semana el esperadísimo y gigantesco sumario de la trama. Sin duda ha estado a la altura de las expectativas. Los medios nos han estado deleitando estos días con los detalles más suculentos como si de un folletín se tratara. La prolijidad y profundidad de los datos recopilados, especialmente a través de las escuchas, nos permite al común de los mortales acceder a un relato íntimo e insospechado de la corrupción.

Entiendo que en torno al PP se asentara una vasta red que se beneficiara de comisiones ilegales y contratos amañados en distintos ámbitos de poder; es algo que los españoles nos podíamos figurar con facilidad. Lo que yo no me imaginaba es que se tejiera emocionalmente a través de regalitos a toda la familia más o menos suntuosos, pero no especialmente inaccesibles para gente aparentemente de lo que se dice buena familia y sueldos holgadísimos, especialmente si los comparamos con el mileurismo generalizado. Corbatas de 115€, bufandas de 180€ o incluso un reloj de 2400€ parecen precios ridículos para cometer una ilegalidad o vender la dignidad y el honor. No sólo dan muestra de avaricia, indignidad e ilegalidad, sino de ingenuidad, frivolidad e infantilismo.

Da verdadera vergüenza ajena ver a todo un presidente de la Comunidad Valenciana llamar a El Bigotes "amiguito del alma" por el hecho de que le agasajara a él y su familia con regalitos que evidentemente esperaban ser correspondidos con tratos de favor infinitamente más onerosos. Resulta inconcebible que un número tan elevado de altos representantes políticos, que uno se imagina fríos y calculadores, se dejaran seducir de una forma tan miserable y burda. ¿Tan faltos de cariño están?

El PP ha perdido irremisiblemente la poca credibilidad que le podía llegar a quedar. Una red como ésta tan generalizada no sólo pone en evidencia su honradez y decencia, que de hecho otros casos de corrupción ya había puesto en tela de juicio, sino que retrata su falta de seriedad e incluso la inmadurez emocional de demasiados cargos importantes. Soy incapaz de entender cómo es posible que gente como Camps no haya dimitido de pura vergüenza y sofoco. Y por supuesto, resulta inadmisible la tibieza y el titubeo de la dirección del partido ante algo así. Bárcenas al fin se ha dado de baja del PP, pero no ha renunciado a su acta de senador. ¿Le dirán algo? Los millones de votantes del PP no han de consentir una humillación de este calibre.

Jaume Mestre, miembro de la Sectorial de Jóvenes de C's


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viernes 9 de abril de 2010

C's: 'El PP y Rajoy han renunciado a ejercer su responsabilidad en la lucha contra la corrupción que infecta su partido'

El portavoz de C's, Jordi Cañas, afirma que el silencio de Rajoy frente al caso Gürtel lo inhabilita definitivamente como alternativa creíble a la presidencia del Gobierno de España


El portavoz de Ciutadans (C’s), Jordi Cañas, ha criticado, tras el anuncio de la baja voluntaria de Luis Bárcenas como militante del PP, que “no haya sido el propio PP el que haya tomado la iniciativa de expulsar a Bárcenas del partido”, por lo que afirma: “El PP y Rajoy han renunciado a ejercer su responsabilidad en la lucha contra la corrupción que infecta su partido”.

“Después de las informaciones que señalaban a Bárcenas como uno de los implicados directos en la trama Gürtel, que este ex-tesorero y todavía senador del PP haya abandonado el partido por iniciativa propia denota y transmite una imagen de falta de autoridad que no hace más que sembrar dudas entre la sociedad sobre la verdadera voluntad de la dirección del PP por erradicar la corrupción de su partido”, ha argumentado Cañas.

En concreto, Cañas se ha referido a la actitud de Rajoy: “El silencio cómplice y la falta de explicaciones creíbles a la sociedad española de Mariano Rajoy acerca del que es el mayor escándalo de corrupción descubierto en España, en el que se hayan involucradas administraciones directamente gobernadas por el PP, decenas de políticos de dicho partido y se vislumbran elementos que indican que se ha producido una financiación irregular de sus campañas electorales, lo inhabilitan definitivamente como alternativa creíble a la presidencia del Gobierno de España”.

“Quién calla ante la corrupción, otorga. Y quién hace esto no puede aspirar a dirigir el futuro de nuestro país”, sentencia Cañas.



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jueves 4 de marzo de 2010

La princesa del pueblo

El pasado viernes, durante una cena de empresa, tuve la fortuna de observar el espectáculo ofrecido por uno de esos programas de “famoseos” cuyo plato fuerte era la nueva cara que ofrecía una señora tras una operación de cirugía estética. La señora en cuestión es conocida por ser la ex mujer de un torero y por vender incluso sus operaciones en la televisión. Supongo que ya sabrán de quién se trata porque es prácticamente imposible no hacer algo de zappin, ojear alguna revista en la peluquería o escuchar algún comentario en el autobús y terminar enterándose, te guste o no.

Por lo visto, las revistas con la primicia se agotaron, y visto los anuncios que intercalaron en el programa hasta que apareció la susodicha, pues el éxito de audiencia debió ser soberbio.

En un delirio de grandeza, el que hacía los subtítulos, e ignoro si el presentador porque no lo oía, incluyeron la denominación “ princesa del pueblo” refiriéndose a la señora en cuestión. No sé a qué pueblo se referían, porque al mío no. Y por cierto, era de todo menos princesa.

Bueno, pues así estamos. Ya no voy a entrar en lo del nivel educativo, en lo de que sí, pero al final todos lo vemos, en el dónde vamos a ir a parar, y en la gran audiencia que tienen estas cosas y la poca que tendría una representación de teatro clásico y no digamos una zarzuela (género a extinguir al ser español y políticamente incorrecto porque ensalza lo bonito que es España, y porque es mucho mejor un musical basado en una película de una multinacional que a su vez está basado en un cuento, a cuyo artista no se le paga ni un duro porque está muerto y es un clásico).

Bueno, volviendo. Que yo me preguntaba si a esas horas, afortunadamente fuera del horario infantil, no sería mucho mejor echar una película porno. Al fin y al cabo, en las películas porno enseñan a follar y en estos programas lo que enseñan es a joder. Analizando la ética de ambos programas, creo sinceramente que es mucho más dañino para la mente el joder que el follar. En la película porno es lo que es, no hay más. No hay malas intenciones, no se quiere dañar a nadie (si no lo pide), no hay ningún objetivo escondido, y no hay más que lo que se ve. Éticamente, siempre que no lo vean menores antes de que sepan dosificar sus instintos, la película porno tiene los mismos problemas éticos que una gran comilona.

Sin embargo, en los programas en los que no se folla, sino que se jode, se ponen en marcha las peores virtudes del ser humano. Se vende hasta el alma, se presiona a la gente, se llevan las situaciones al límite, se fomentan los insultos, las vejaciones, los piques, el “romper” anímicamente al contrario, dañar su imagen, vender sus artimañas, sus mentiras, su sufrimiento. El paroxismo de todo esto es encerrar a personas en un sitio para que el público vea las putadas que se hacen.

Esto sí es malo, esto sí es peligroso para la mente, esto sí es dañino y esto sí que debería restringirse a franjas horarias de madrugada, como las películas violentas.

Hay gente que me argumenta que se trata de la manera de no pensar en los problemas de uno mientras se piensa en los ajenos, vaciar la mente y despreocuparse. No lo sé, pero qué gran guía de artimañas para todos aquéllos que quieren hacer acoso en el trabajo, presionar a alguien para que salte o aprender a hacerle la guerra sucia y quitarle la pareja a otro, como utilizar a los niños para atacar a la pareja separada, como odiar, como no perdonar, y como salirte con la tuya como sea y con el menor esfuerzo

Igual soy un poco carca, pero creo que en ninguna religión se aceptan esas cosas, y en ninguna ética atea, así que algo habrá que revisar porque no parece ejemplificante ni bueno.

En cuanto a lo de princesa del pueblo, espero que sea de otro “pueblo”.

Alejandro del Amo
C's Salamanca


viernes 9 de octubre de 2009

La corrupción... nos alcanza a todos

En los medios de comunicación, en las declaraciones de los políticos, en el aire que respiramos está hoy la corrupción, y cuando no se dice más se sobreentiende el abuso de poder o de influencias para eso tan elegante de meter la mano en la caja y llevárselo crudo (sic).


En la web de Ciudadanos hay actualmente numerosas denuncias de corruptelas varias de los nacionalistas, que las hay, pero me parece que, cuando menos, se presta a la confusión, porque probablemente la única condición para que se pueda dar la corrupción en un político con poder es que esté vivo, todas las demás son accesorias. Recuerdo haber oído al gran Boadella la peregrina tesis de que la política –aludiendo a Ciudadanos- es sobre todo resistir la corrupción, y en su simpática extravagancia se acogía al amparo del brazo incorrupto de Santa Teresa.

Afortunadamente, la corrupción no es un hecho diferencial, porque, ¿qué pasaría si los próceres nacionalistas fueran tan honrados como por ejemplo la mayoría de los ministros de aquel portador del incorrupto brazo? Recordando aquellos largos años del franquismo, tengo que añadir otra condición si no imprescindible sí muy conveniente para que se dé la corrupción, además de estar vivo tiene que haber algo que llevarse, porque no siempre ha sido así como es ahora, la corrupción política – de una dictadura, por ejemplo- no siempre lleva a la corrupción económica por abusos de poder, que puede ser y es fundamentalmente otro estilo, que es el verdaderamente grave e insufrible.

Unir ambas corrupciones puede ser muy socorrido, muy gráfico, muy popular, y en época de abundancia la perversión política del nacionalismo unida a la condición humana prácticamente garantiza el resto de corrupciones, pero es confundir la gripe con el cáncer, perder la orientación, el porqué y la finalidad de la política y yo confieso que he venido a hablar de mi libro, así que mientras tengamos gobernantes cuyo principio de actuación sea una mezcla aborrecible de impostura y de imposición, no voy a tener “tiempo” para más.

A mí, como a la mayoría de los ciudadanos, me duele España, el atropello de las libertades, la impostura, los afanes impositivos y excluyentes, la politización, instrumentalización y corrupción de la alta justicia, la ciudad alegre y confiada, la crisis de valores,... que algunos meten la mano en la caja... pues que tengan un juicio justo y si son culpables a su casa o a la cárcel, como en todas partes del mundo libre. Lo que ocurre es que aquí nos falta todavía bastante para llegar a esa normalidad democrática en la que la corrupción propiamente política no se da o no es relevante, eso es cosa de sistemas totalitarios, de nacionalistas o de este ministro del Interior, de todos los que se permiten cometer impunemente las fechorías que hacen porque se saben impunes.

Y me duele, si no especialmente si particularmente, la división, las miserias, los abusos de poder, los atropellos, la falta de responsabilidad, las deslealtades, los personalismos fuera de lugar, las ambiciones excesivas e injustificadas,... es decir, todo aquello que vemos en el movimiento ciudadano, que es donde estamos. Y esa es nuestra corrupción, que aunque pequeña en términos absolutos no es de las menores en lo relativo, porque se supone que somos unos idealistas y vamos de regeneradores de la democracia, presunta y presuntuosamente, que ya hemos visto lo que da de sí en algunos casos y como lo instrumentalizan o aprovechan algunos. El infierno serán los otros, pero la corrupción nos alcanza a todos.

José Mª Serrano

Sepúlveda deja su acta de concejal en el Ayuntamiento de Pozuelo

09-10-2009 - MDO / EP

El ex alcalde de Pozuelo de Alarcón, Jesús Sepúlveda, anunció este viernes que dejará su acta de concejal en el Ayuntamiento del municipio, después de que la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre, mantuviera una conversación con él respecto a su imputación en el caso Gürtel, según informaron fuentes municipales.


En marzo pasado Sepúlveda también solicitó la suspensión cautelar de su militancia en el PP tras ser imputado. Desde entonces formaba parte de la corporación sin adscripción a ningún grupo político.

Por otra parte, el Ayuntamiento señaló que le sustituirá la popular Carmen Hurtado. El alcalde de Pozuelo, Gonzalo Aguado, valoró este viernes "muy positivamente" la decisión adoptada por su predecesor en el cargo. "Creo que es una decisión acertada, que Jesús Sepúlveda ha tomado a fin de no perjudicar ni al Ayuntamiento ni al Partido Popular", señaló.

Según se desprende del sumario del caso, Jesús Sepúlveda, ex coordinador electoral del PP nacional, tuvo una relación muy estrecha con el líder de la trama de corrupción, Francisco Correa. Tan intensa era dicha relación que Sepúlveda pudo recibir al menos durante cuatro años entregas casi mensuales de dinero por un montante total de más de 542.992 euros a cambio de contratos para las empresas de Correa. La documentación también desvela a Sepúlveda como presunto perceptor de suculentos regalos, entre ellos un todoterreno, un Jaguar, una pantalla de plasma y otros.

BMW y Range Rover
Por otro lado, la relación entre Correa y los coches del ex alcalde de Pozuelo de Alarcón, Jesús Sepúlveda, se refleja en una declaración del líder de la trama, recogida en el Informe de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal, en la que Correa mantiene que Sepúlveda "le debía 14 millones de pesetas de un Range River y que le iba a pagar con una obrita, y no le ha pagado ni el coche ni los viajes de los dos últimos años".

El documento precisa que el concesionario emitió dos facturas por el mismo Range Rover, una a favor de Correa por 83.000 euros y otra para la empresa ALD Automotive SAU referida al mismo vehículo donde consta un sello a nombre de Jesús Sepúlveda.

De la documentación en manos de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía Judicial, también incluida en el sumario, se desprenden los tres coches de alta gama que Sepúlveda también imputado en la trama, adquirió por un valor total que supera los 175.400 euros.

Primero, compró un BMW modelo 523 I en abril de 1996 por el que pagó en efectivo 39.000 euros (6,5 millones de pesetas). Tres años más tarde se hizo con un Jaguar S-TYPE V.8. valorado en 53.400 euros, que él, por entonces pagó en pesetas (8,9 millones) en dos plazos: la entrada de 250.000 pesetas y mediante cheque bancario. Posteriormente, en 2004, compró para después alquilar un vehículo Range Rover Vogue 4.4. V8 por un valor total de 83.000 euros.

lunes 14 de septiembre de 2009

José Mª Serrano: 'El botellón en la política'

Hay todavía gente que cuando va a tomar unas cervezas con los amigos, lo de menos son las cervezas y lo de más los amigos, aunque sean enemigos en el sentido churchilliano de los compañeros de partido.

Pero es gente “rara”, porque ahora lo que arrasa no es el intercambio más o menos inteligente y cordial al abrigo de sede tabernaria sino el llegar juntos al trance melopeico a cielo abierto, lo que priva es tomar el espacio público para la pítima colectiva.


Algún atractivo –que uno no ve- tiene que tener esta privanza tan de actualidad y que a mí me recuerda mucho a la que produce el exceso nacionalista del sentimiento de pertenencia, que como las borracheras tiene multitud de manifestaciones, todas ellas pasadas de copas, desde la negación de la evidencia al delirium tremens, pasando por los consabidos y simpáticos cantos regionales y la proclamación de alguna república.


El sentimiento de pertenencia a una nación, ya sea real o inventada, no es en sí mismo censurable ni rechazable, todo depende del grado, y en su justa medida se puede afirmar que -además de inevitable- es positivo, es necesario, como lo atestigua la larga y provechosa organización del mundo en diversas naciones que son el marco político de convivencia, convivencia que no es posible que sea política ni pacífica si el marco se rompe, desaparece o simplemente está mal dispuesto.


Pero como decían los clásicos, nada en exceso, y si a un borracho poseído por el espíritu etílico no se le puede reconocer capacidad de juicio, a quienes van ebrios de sentimiento político tampoco en la política se les puede reconocer equidad ni es razonable esperar que sus actos políticos sean razonables, sino más bien al contrario, es de temer que se comporten como esos beodos que te obligan a beber lo mismo que ellos, que encima puede ser cualquier cosa deleznable, como lo es el destilado del bucle melancólico de los nacionalismos –españoles- tan fuera de plazo; pero eso es historia y estamos con la actualidad del botellón.

Una vez más estamos ante un problema de escala, de proporción, de medida –como esos “amores” que matan-, porque si un –digamos- normal sentimiento de pertenencia a una Nación posibilita la existencia del Estado correspondiente que en el mundo occidental es el garante de los derechos y libertades de la persona como ciudadano, estamos viendo que su exceso –al margen de otras consideraciones- conduce a la imposición, al atropello, a la exclusión..., y en último caso al delito, al crimen y a la quiebra social.


Se puede decir, que los nacionalismos son el botellón de la política, que ya está suficientemente dicho, de una política que no es política sino más bien la exaltación de la tribu en detrimento de la polis.


Pero no por ello hay que aborrecer las cervezas con amigos, conocidos y parientes; ni siquiera con los peores de todos, los políticos.